jueves, 27 de noviembre de 2014

LA TEJERA NEGRA

… por Kurt Schleicher

   ¿Qué es eso de la Tejera Negra?
  Algunos se lo habrán preguntado, pero me figuro que muchos ya sabrán de qué se trata. A los que se lo hayan preguntado – y no hayan ido todavía corriendo al Google a investigar- les dedico un pequeño juego de adivina-adivinanza.

    Tejera Negra. ¿Qué será?

    Por el nombre, podría ser una araña venenosa; Tejera podría venir de tejer, que eso es lo que se supone que hace una araña. Lo de negra puede querer decir que a los que muerde les deja la familia de luto, por lo que se deduce que su mordedura es mortal. Algo así como su prima-hermana la viuda negra…
    Pues no; no se trata de una araña, por mucho que parezca tener cierta lógica.

    ¿Será acaso una organización de tipo mafioso? Podría ser; una mafia debe tejer  cierta oscura (¿negra?) organización para ocultar los caminos por los que podría organizar la entrada de drogas prohibidas… también tendría su lógica.
    Pues tampoco. No es nada mafioso.

    ¿Será por ventura una especie de mujer fatal o espía? Hombre, podría tratarse de una espía oriunda de algún país lejano que una vez que sacase información relevante al incauto enamorado, lo mataría en una orgía de sexo de manera similar a como lo hace la mantis religiosa, aunque después no se lo meriende. Igual que la araña, va tejiendo una red alrededor del incauto y cuando lo tiene bien amarrado, se lo cepilla en el sentido negro de la palabra, no en el verde, excepto que tenga ocasionalmente los bajos más encendidos. Tiene, pues, su lógica que la Tejera Negra sea una bella pero también sanguinaria espía…
    No; tampoco es una espía ni una mujer fatal. Una pena, pues sería muy novelesco…

    Podría muy bien ser también algo bastante menos romántico, como una tienda de materiales de construcción especializada en piedra negra de pizarra para tejados, asumiendo que Tejera proviene de teja…
    Nada, nada, que tampoco es eso, pero creo que hay una cierta relación, como veremos luego. Templado; nos vamos acercando.

    Podría ser también una zona en la que se de dé un árbol llamado tejo (lugar de tejos = tejera). ¡Sí! El nombre parece ser que viene de ahí, pues se llama tejera por haber tejos.
Pero lo del color negro no se sabe todavía a cuento de qué viene, de forma que aún no lo tengo del todo claro…

   Bueno; ya está bien de adivinanzas.

  Se trata del Hayedo de la Tejera Negra (¡es un hayedo, no un tejero!) y está encuadrado en el  Parque Natural Sierra Norte de Guadalajara, muy cerca de la frontera con la provincia de Segovia, de camino hacia Soria y muy cerca del extremo norte de la Comunidad de Madrid. La población más cercana se llama Cantalojas.

    La verdad es que lo más famoso es el hayedo, pues no hay demasiados en España y están bien cuidados. Éste es uno de los más meridionales de Europa, por cierto; muy cerca hay otro más famoso todavía (¡será por estar en Madrid!) que es el Hayedo de Montejo (de la Sierra). Mirando el mapa, resulta que ambos están muy cerca, en la Sierra de Ayllón; uno cae del lado de Guadalajara (el de la Tejera) y el otro del lado de Madrid. En línea recta no está a muchos kilómetros, desde luego, pero por allí no hay muchos caminos y hay que dar rodeos para llegar. El hayedo de la Tejera Negra es bastante más grande que el otro, con sus 400 ha. frente a las 250 ha. del de Montejo; ambos son similares, sin embargo, aunque el de la Tejera Negra es más montañoso.



                    

   Ya que estamos dándole vueltas al origen del nombre, me asaltan ciertas dudas. Oficialmente, lo que se cuenta es que el nombre proviene de los tejos que se dan por allí, pero también es cierto que hay relativamente muy pocos si lo comparamos con las hayas, los robles y los pinos. Haberlos, haylos, sin embargo; pero, ¿tanto como para que la zona se llame así y no Hayedo Negro? Extraño. ¿Y lo de Negra? Pues podría ser porque en la zona hay varias carboneras y de hecho se pasa por una haciendo la ruta. No estoy muy seguro, pues tras hacerla lo que vi con cierta abundancia, sobre todo en los caminos, es pizarra negra. Viene muy bien que los caminos lleven estas piedras planas, pues si no las hubiera se convertirían en lodazales, dada la humedad que hay (auténticos arroyos que bajan por las laderas). En resumen: que lo de Tejera Negra debe provenir de todo lo anterior, aunque  yo no descartaría que fuera más bien por los tejados de pizarra, que allí abunda, que se usan como tejas. Y de teja, tejera, y además es negra. Dixit.   

    Los hayedos se suelen dar en zonas umbrías y húmedas con un microclima muy particular; es probable que en la Sierra de Ayllón se den esas condiciones, para ambos hayedos. 

   Vamos al viaje en sí. 

    Es evidente que los hayedos son famosos por su espectacularidad en otoño, pues los colores que se forman si se acierta con el día son bellísimos. No es un secreto que me gusta la fotografía, razón por la cual cada año hago una serie de excursiones en otoño empezando por las más cómodas cercanías de Madrid; este año decidí que tenía que visitar en el momento apropiado el tal hayedo, que no conocía. Por cierto, el otro hayedo, el de Montejo, conlleva ciertas dificultades de acceso (reservas, madrugar…) y el acceso no es pues totalmente libre, pero el de la Tejera Negra no tiene más limitación que el aparcamiento, no muy grande, que conviene reservar si se va en fin de semana. Evidentemente, es mucho mejor ir un día laborable para disfrutar más todavía del entorno sin distorsiones por excesivo personal visitante.

  Además, por motivos fotográficos, debía ser un día en que la presencia del sol estuviese asegurada; lo ideal es sol y nubes negras de telón de fondo, pero en tanto el día esté despejado, bien. Tampoco conviene ir demasiado pronto en otoño, pues los colores de las hojas no han llegado a su “madurez” y faltarían amarillos. No conviene ir con el sol muy alto, pues lo bonito es fotografiar contraluces. Es algo más difícil, pero luego se nota el resultado. Hombre, el sol no debe estar ni demasiado alto (las hojas ya no se transparentan) ni demasiado bajo (a ver quién es el guapo que hace una foto con el sol de frente, cuando ya no sirve ni el parasol ni la mano).

   El día que se dieron todas estas circunstancias fue el 20 de Noviembre pasado; salí algo tarde (tuve que hacer algo antes), pero me dije que si llegaba al mediodía sería suficiente y así encajaría con el sol de tarde. Además, ya por los solitarios caminos según me acercaba a la meta tuve que parar al encontrarme a le vera de un río unos paisajes amarillentos espectaculares, con lo cual aún me retrasaba más. ¡Tanta anticipación para luego no caer en lo más importante: que los hayedos están en zona de umbría y en las laderas, por lo que el sol hace mutis por foro antes de las tres y media! La verdad es que llegué más tarde de lo previsto; el hayedo está a unos 160 km. de Madrid, pero parece que no llegas nunca cuando va faltando poco y además no está muy bien indicado precisamente. Yo iba en automático con el GPS marcando Cantalojas, pero ya me llevé el primer susto cuando va y me lleva a un pueblo de otro nombre, obligándome a retroceder maldiciendo por lo bajo. La verdad es que iba bien encaminado, pues se trataba del siguiente pueblo. Cuando al fin  llego a la entrada del hayedo, el guarda te da un planito (ver el adjunto) y te avisa que el aparcamiento está todavía a 8 km. por caminos de tierra. Ya había sobrepasado las dos de la tarde tras todos estos eventos, por lo que empezaba a ponerme nervioso.
     Tras hacer los dos primeros kilómetros en llano, de repente la carretera –el camino-  se pone a descender por una ladera (ver la foto), de forma que el sol ya ni se veía. ¡No, si encima sólo faltaba que no pudiera hacer contraluces!

                                    Bajada hacia el aparcamiento

    Por fin llegué al aparcamiento, medio vacío o medio lleno, como se prefiera; observé que había gente que ya volvía. ¡El único que quedaba para empezar la ruta debía ser yo! No había comido (llevaba un bocata), pero decidí que no podría permitirme perder el tiempo. Se veía todavía sol. La ruta que me sugirió el guarda era una de las tres que hay, la de Las Carretas, que al parecer eran 6 kilómetros andando. No parecía mucho, así que decidí calmarme, pero sin prisa y sin pausa y que el bocata me lo tomaría cuando ya no hubiera sol. No había contado con las pendientes del camino; exceptuando los primeros 500 m. a lo largo del río Lillas (zona preciosa, por cierto), el camino no paraba de subir y bajar, a veces con notables pendientes de rompepiernas, así que la velocidad de avance ya no podría ser la misma…

                                                                            


                Plano del Hayedo de la Tejera Negra, marcando la senda seguida
 
   Sin embargo, las primeras subidas me dieron varias alegrías fotográficas; el sol estaba ya algo bajo, pero las sombras eran alargadas y muy fotogénicas (de media, la primera etapa es subida en su mayor parte hasta llegar a la cima del monte y los últimos 2 kilómetros ya serían de bajada).

   Partiendo de la luminosidad, se podría dividir el paseo en tres fases: la primera, con sol, la segunda con sol de fondo aún con bastante luz, pero ya en umbría, y la tercera, ya sin sol. Es sorprendente cómo cambia el paisaje, los colores y las sensaciones cuando se va pasando de la una a la otra…
  Las fotos en la primera fase son agradecidas, aunque hay que ingeniárselas para que el sol de frente no fastidie la foto. Las fotos en la segunda son muy difíciles, pues los fondos muy luminosos con los primeros planos en umbría son “fastidiosos” si no tienes cuidado. En la tercera, ya da igual; lo que salga… aunque ya avanzo que el bosque con menos luminosidad lo hace más misterioso y las fotos lo muestran. Los colores son algo más apagados, pero me sorprendían los amarillos, que con poca luz seguían destacando… Las fotos cogen un curioso tono azul-violáceo, que con los amarillos y los ocres dan una sensación mágica e irreal. ¡El otoño…!

     Las 3 fases son como la vida: el sol de la infancia, la penumbra con claridad lejana de la madurez y el atardecer de eso que llaman acertadamente “el otoño de la vida”.

   Creo que ya sobran las palabras, pues con lo antedicho el lector ya está preparado para disfrutar de los paisajes del otoño de un 20 de Noviembre en la Tejera Negra…


KS, Nov. 2014.

                                                FOTOGRAFÍAS

    Dos fotografías antes de llegar a la Tejera Negra, cerca de Valvieja:


   




     


                                                           
                                                                           ***

                                              HAYEDO DE LA TEJERA NEGRA

    Fotografías siguiendo la senda de Las Carretas, en el sentido indicado en el mapa:

   

Río Lillas



Comienza la subida










La Carbonera






Camino de pizarra







Panorámica desde la cima del monte















Al final del hayedo tras un ascenso continuado, comienza la bajada.



Zona de aparcamiento, a las 5 y media de la tarde.

viernes, 21 de noviembre de 2014

INTERSTELLAR CHRISTOPHER NOLAN, EL NUEVO ASIMOV.


 ...por Miguel Angel Morcillo


 Spoiler (destripe)



"No entres dócilmente
en esa buena noche.

La vejez debería delirar y arder
cuando se acaba el día.

Rabia, rabia,
contra la luz que se esconde.

Aunque el sabio cerca del fin
a la tiniebla no haga reproche,

dado que a su verbo ningún rayo
ha confiado vigor,

no entres dócilmente
en esa buena noche.

Rabia, rabia,
contra la luz que se esconde.”

 (Dylan Thomas)


He visto INTERSTELLAR y conforme pasan los días su recuerdo me suscita más sugerencias.

Para Asimov (La Fundación), Kubrick (2001 Odisea en el espacio),Bradbury (Farenheit 451), Ridley Scott (Blade Runner), Orwell(1984), George Lucas (Star Wars), o Wells (la guerra de los mundos) y para Nolan también Conan Doyle, la ciencia-ficción es en realidad, ensayo sociológico pero envuelto para regalo: un mundo cuajado de maravillosa tecnología (galaxias, naves, robots…), que resulta irresistible.

Nolan ha utilizado todas las teorías de la moderna física (el espacio, el tiempo, la gravedad, los agujeros negros, la teoría de la relatividad, los agujeros de gusano…) y las ha hecho vehículos de una historia que resulta, sin embargo, de una humanidad eterna.

En primer lugar les da cancha a los ecologistas con su manía de volver al taparrabos agrícola, porque la tecnología y el desarrollo sin control ha conseguido que la Tierra “se rebele” en forma de plagas y tormentas de arena.

También les da la razón sobre la progresiva disminución de variedades genéticas de trigo o maíz, sensibles por tanto a cualquier plaga, que sería destructiva (en la película el trigo se ha extinguido por las plagas y ahora el monocultivo es el maíz).

Pero lo anterior tiene consecuencias: el Gobierno parece ser totalitario (aunque no profundiza sobre eso) y determina los niños que deben dedicarse a la agricultura, además de modificar los libros de Historia (¡caramba! Orwell): nunca se llegó a la Luna, sino que fue un bulo para mantener la carrera espacial con los rusos, lo que propició el derroche de recursos.

La tecnología ha sido proscrita y debe ocultarse, como los alquimistas en la Edad Media.



domingo, 9 de noviembre de 2014

EL BALONCESTO Y LA VIDA, libro DE JUAN CORBALÁN


…por Vicente Ramos

El segundo libro de Juan Corbalán acaba de aparecer en librerías y merece mis comentarios desde estas páginas. Más que por el personaje - Juan es uno de los mejores deportistas españoles de todos los tiempos - por la calidad que tienen sus líneas transmitiendo sus vivencias y recuerdos deportivos, así como por los conceptos  de índole moral y espiritual que vierte en las 400 páginas de que consta el libro.


Junto a la descripción cronológica de su carrera deportiva discurre en paralelo en el relato la descripción de una realidad sociopolítica de nuestro país y la evolución acontecida a lo largo de los años. Años en los que asi mismo evoluciona el autor deportiva y personalmente al ritmo de una incipiente democracia.
Tomo algunas de sus propias palabras de la introducción para describir sus intenciones al escribir este libro:
“No quiero que sea un relato exclusivamente descriptivo, sino con calor emocional, que es el tesoro que esconde el deporte , aunque hayan sido muchos los años que han pasado desde entonces. Porque sólo en las emociones se encuentra la explicación de lo que pasa en años tan cruciales, en los que la razón aún se niega a mirarnos de frente y se va conformando en nosotros.”
Y desde luego que cumple con sus intenciones. Las emociones que transmiten sus páginas son intensas, mucho más para alguien que, como yo, compartió muchos años de su vida deportiva y posteriormente sigue compartiendo con él muchos momentos. Eleva a una forma de amar la amistad unida al respeto y cariño de sus compañeros y grandes adversarios. Tendríais que ver como es recibido en Israel “El doctor Corbalán”. Por qué?, me preguntareis. Muy sencillo, porque sus grandes adversarios, los Brody, Berkowitz, Aroesti, Jamchy, etc, ,le conceden el grado de doctor no sólo en lo profesional (es doctor en medicina, cardiólogo, especializado en la fisiología del esfuerzo y el deporte), sino igualmente en lo personal. Y asi mismo ocurre en todos los países de Europa.
Utilizaré de nuevo sus propias palabras, contenidas en un capítulo titulado APRENDIMOS A QUERERNOS para expresar lo anterior:
“ Dar y recibir amor, en cualquiera de sus formas, es lo que nos mueve, lo que nos mantiene vivos. Esos instantes de plenitud hay que saborearlos. Sin olvidar que nuestros mejores momentos son siempre a costa de otros, compañeros o adversarios. Quizás esto sea algo difícil de entender en el deporte, pero saber redistribuir el éxito es un atributo más del gran deportista.”
Y ya lo creo que redistribuye el éxito en el libro. Nos pone por las nubes a todos sus compañeros. Hasta el punto de casi darme vergüenza escribir de esto. Podría parecer que quisiera yo mismo darme autobombo. Tales son los calificativos que nos dedica a todos.
Lo anterior me lleva a comentar con que pericia describe un equipo. Ni los más grandes gurús del team-work podrían hablar tan bien y con tanto conocimiento de causa como él lo hace en su capítulo UN EQUIPO, UNA UNIVERSIDAD.
Y finalmente, y en conexión con nuestro orgullo de pertenencia al Ramiro, la similitud con nosotros al describir con similar orgullo su formación en las aulas y campos deportivos del Colegio San Viator.
Deportista o no, seguidor del baloncesto o no, a todos os atraerá hacia sus páginas este modelo de persona que es Juan Corbalán.
Por cierto, el libro está prologado por Manuel Vicent y del epílogo se encarga David Trueba.

Presentación del libro.
 V.Ramos, Cristóbal Rodríguez, Victor de la Serna, Juan Corbalán y Lolo Sáinz