jueves, 27 de noviembre de 2014

LA TEJERA NEGRA

… por Kurt Schleicher

   ¿Qué es eso de la Tejera Negra?
  Algunos se lo habrán preguntado, pero me figuro que muchos ya sabrán de qué se trata. A los que se lo hayan preguntado – y no hayan ido todavía corriendo al Google a investigar- les dedico un pequeño juego de adivina-adivinanza.

    Tejera Negra. ¿Qué será?

    Por el nombre, podría ser una araña venenosa; Tejera podría venir de tejer, que eso es lo que se supone que hace una araña. Lo de negra puede querer decir que a los que muerde les deja la familia de luto, por lo que se deduce que su mordedura es mortal. Algo así como su prima-hermana la viuda negra…
    Pues no; no se trata de una araña, por mucho que parezca tener cierta lógica.

    ¿Será acaso una organización de tipo mafioso? Podría ser; una mafia debe tejer  cierta oscura (¿negra?) organización para ocultar los caminos por los que podría organizar la entrada de drogas prohibidas… también tendría su lógica.
    Pues tampoco. No es nada mafioso.

    ¿Será por ventura una especie de mujer fatal o espía? Hombre, podría tratarse de una espía oriunda de algún país lejano que una vez que sacase información relevante al incauto enamorado, lo mataría en una orgía de sexo de manera similar a como lo hace la mantis religiosa, aunque después no se lo meriende. Igual que la araña, va tejiendo una red alrededor del incauto y cuando lo tiene bien amarrado, se lo cepilla en el sentido negro de la palabra, no en el verde, excepto que tenga ocasionalmente los bajos más encendidos. Tiene, pues, su lógica que la Tejera Negra sea una bella pero también sanguinaria espía…
    No; tampoco es una espía ni una mujer fatal. Una pena, pues sería muy novelesco…

    Podría muy bien ser también algo bastante menos romántico, como una tienda de materiales de construcción especializada en piedra negra de pizarra para tejados, asumiendo que Tejera proviene de teja…
    Nada, nada, que tampoco es eso, pero creo que hay una cierta relación, como veremos luego. Templado; nos vamos acercando.

    Podría ser también una zona en la que se de dé un árbol llamado tejo (lugar de tejos = tejera). ¡Sí! El nombre parece ser que viene de ahí, pues se llama tejera por haber tejos.
Pero lo del color negro no se sabe todavía a cuento de qué viene, de forma que aún no lo tengo del todo claro…

   Bueno; ya está bien de adivinanzas.

  Se trata del Hayedo de la Tejera Negra (¡es un hayedo, no un tejero!) y está encuadrado en el  Parque Natural Sierra Norte de Guadalajara, muy cerca de la frontera con la provincia de Segovia, de camino hacia Soria y muy cerca del extremo norte de la Comunidad de Madrid. La población más cercana se llama Cantalojas.

    La verdad es que lo más famoso es el hayedo, pues no hay demasiados en España y están bien cuidados. Éste es uno de los más meridionales de Europa, por cierto; muy cerca hay otro más famoso todavía (¡será por estar en Madrid!) que es el Hayedo de Montejo (de la Sierra). Mirando el mapa, resulta que ambos están muy cerca, en la Sierra de Ayllón; uno cae del lado de Guadalajara (el de la Tejera) y el otro del lado de Madrid. En línea recta no está a muchos kilómetros, desde luego, pero por allí no hay muchos caminos y hay que dar rodeos para llegar. El hayedo de la Tejera Negra es bastante más grande que el otro, con sus 400 ha. frente a las 250 ha. del de Montejo; ambos son similares, sin embargo, aunque el de la Tejera Negra es más montañoso.



                    

   Ya que estamos dándole vueltas al origen del nombre, me asaltan ciertas dudas. Oficialmente, lo que se cuenta es que el nombre proviene de los tejos que se dan por allí, pero también es cierto que hay relativamente muy pocos si lo comparamos con las hayas, los robles y los pinos. Haberlos, haylos, sin embargo; pero, ¿tanto como para que la zona se llame así y no Hayedo Negro? Extraño. ¿Y lo de Negra? Pues podría ser porque en la zona hay varias carboneras y de hecho se pasa por una haciendo la ruta. No estoy muy seguro, pues tras hacerla lo que vi con cierta abundancia, sobre todo en los caminos, es pizarra negra. Viene muy bien que los caminos lleven estas piedras planas, pues si no las hubiera se convertirían en lodazales, dada la humedad que hay (auténticos arroyos que bajan por las laderas). En resumen: que lo de Tejera Negra debe provenir de todo lo anterior, aunque  yo no descartaría que fuera más bien por los tejados de pizarra, que allí abunda, que se usan como tejas. Y de teja, tejera, y además es negra. Dixit.   

    Los hayedos se suelen dar en zonas umbrías y húmedas con un microclima muy particular; es probable que en la Sierra de Ayllón se den esas condiciones, para ambos hayedos. 

   Vamos al viaje en sí. 

    Es evidente que los hayedos son famosos por su espectacularidad en otoño, pues los colores que se forman si se acierta con el día son bellísimos. No es un secreto que me gusta la fotografía, razón por la cual cada año hago una serie de excursiones en otoño empezando por las más cómodas cercanías de Madrid; este año decidí que tenía que visitar en el momento apropiado el tal hayedo, que no conocía. Por cierto, el otro hayedo, el de Montejo, conlleva ciertas dificultades de acceso (reservas, madrugar…) y el acceso no es pues totalmente libre, pero el de la Tejera Negra no tiene más limitación que el aparcamiento, no muy grande, que conviene reservar si se va en fin de semana. Evidentemente, es mucho mejor ir un día laborable para disfrutar más todavía del entorno sin distorsiones por excesivo personal visitante.

  Además, por motivos fotográficos, debía ser un día en que la presencia del sol estuviese asegurada; lo ideal es sol y nubes negras de telón de fondo, pero en tanto el día esté despejado, bien. Tampoco conviene ir demasiado pronto en otoño, pues los colores de las hojas no han llegado a su “madurez” y faltarían amarillos. No conviene ir con el sol muy alto, pues lo bonito es fotografiar contraluces. Es algo más difícil, pero luego se nota el resultado. Hombre, el sol no debe estar ni demasiado alto (las hojas ya no se transparentan) ni demasiado bajo (a ver quién es el guapo que hace una foto con el sol de frente, cuando ya no sirve ni el parasol ni la mano).

   El día que se dieron todas estas circunstancias fue el 20 de Noviembre pasado; salí algo tarde (tuve que hacer algo antes), pero me dije que si llegaba al mediodía sería suficiente y así encajaría con el sol de tarde. Además, ya por los solitarios caminos según me acercaba a la meta tuve que parar al encontrarme a le vera de un río unos paisajes amarillentos espectaculares, con lo cual aún me retrasaba más. ¡Tanta anticipación para luego no caer en lo más importante: que los hayedos están en zona de umbría y en las laderas, por lo que el sol hace mutis por foro antes de las tres y media! La verdad es que llegué más tarde de lo previsto; el hayedo está a unos 160 km. de Madrid, pero parece que no llegas nunca cuando va faltando poco y además no está muy bien indicado precisamente. Yo iba en automático con el GPS marcando Cantalojas, pero ya me llevé el primer susto cuando va y me lleva a un pueblo de otro nombre, obligándome a retroceder maldiciendo por lo bajo. La verdad es que iba bien encaminado, pues se trataba del siguiente pueblo. Cuando al fin  llego a la entrada del hayedo, el guarda te da un planito (ver el adjunto) y te avisa que el aparcamiento está todavía a 8 km. por caminos de tierra. Ya había sobrepasado las dos de la tarde tras todos estos eventos, por lo que empezaba a ponerme nervioso.
     Tras hacer los dos primeros kilómetros en llano, de repente la carretera –el camino-  se pone a descender por una ladera (ver la foto), de forma que el sol ya ni se veía. ¡No, si encima sólo faltaba que no pudiera hacer contraluces!

                                    Bajada hacia el aparcamiento

    Por fin llegué al aparcamiento, medio vacío o medio lleno, como se prefiera; observé que había gente que ya volvía. ¡El único que quedaba para empezar la ruta debía ser yo! No había comido (llevaba un bocata), pero decidí que no podría permitirme perder el tiempo. Se veía todavía sol. La ruta que me sugirió el guarda era una de las tres que hay, la de Las Carretas, que al parecer eran 6 kilómetros andando. No parecía mucho, así que decidí calmarme, pero sin prisa y sin pausa y que el bocata me lo tomaría cuando ya no hubiera sol. No había contado con las pendientes del camino; exceptuando los primeros 500 m. a lo largo del río Lillas (zona preciosa, por cierto), el camino no paraba de subir y bajar, a veces con notables pendientes de rompepiernas, así que la velocidad de avance ya no podría ser la misma…

                                                                            


                Plano del Hayedo de la Tejera Negra, marcando la senda seguida
 
   Sin embargo, las primeras subidas me dieron varias alegrías fotográficas; el sol estaba ya algo bajo, pero las sombras eran alargadas y muy fotogénicas (de media, la primera etapa es subida en su mayor parte hasta llegar a la cima del monte y los últimos 2 kilómetros ya serían de bajada).

   Partiendo de la luminosidad, se podría dividir el paseo en tres fases: la primera, con sol, la segunda con sol de fondo aún con bastante luz, pero ya en umbría, y la tercera, ya sin sol. Es sorprendente cómo cambia el paisaje, los colores y las sensaciones cuando se va pasando de la una a la otra…
  Las fotos en la primera fase son agradecidas, aunque hay que ingeniárselas para que el sol de frente no fastidie la foto. Las fotos en la segunda son muy difíciles, pues los fondos muy luminosos con los primeros planos en umbría son “fastidiosos” si no tienes cuidado. En la tercera, ya da igual; lo que salga… aunque ya avanzo que el bosque con menos luminosidad lo hace más misterioso y las fotos lo muestran. Los colores son algo más apagados, pero me sorprendían los amarillos, que con poca luz seguían destacando… Las fotos cogen un curioso tono azul-violáceo, que con los amarillos y los ocres dan una sensación mágica e irreal. ¡El otoño…!

     Las 3 fases son como la vida: el sol de la infancia, la penumbra con claridad lejana de la madurez y el atardecer de eso que llaman acertadamente “el otoño de la vida”.

   Creo que ya sobran las palabras, pues con lo antedicho el lector ya está preparado para disfrutar de los paisajes del otoño de un 20 de Noviembre en la Tejera Negra…


KS, Nov. 2014.

                                                FOTOGRAFÍAS

    Dos fotografías antes de llegar a la Tejera Negra, cerca de Valvieja:


   




     


                                                           
                                                                           ***

                                              HAYEDO DE LA TEJERA NEGRA

    Fotografías siguiendo la senda de Las Carretas, en el sentido indicado en el mapa:

   

Río Lillas



Comienza la subida










La Carbonera






Camino de pizarra







Panorámica desde la cima del monte















Al final del hayedo tras un ascenso continuado, comienza la bajada.



Zona de aparcamiento, a las 5 y media de la tarde.

viernes, 21 de noviembre de 2014

INTERSTELLAR CHRISTOPHER NOLAN, EL NUEVO ASIMOV.


 ...por Miguel Angel Morcillo


 Spoiler (destripe)



"No entres dócilmente
en esa buena noche.

La vejez debería delirar y arder
cuando se acaba el día.

Rabia, rabia,
contra la luz que se esconde.

Aunque el sabio cerca del fin
a la tiniebla no haga reproche,

dado que a su verbo ningún rayo
ha confiado vigor,

no entres dócilmente
en esa buena noche.

Rabia, rabia,
contra la luz que se esconde.”

 (Dylan Thomas)


He visto INTERSTELLAR y conforme pasan los días su recuerdo me suscita más sugerencias.

Para Asimov (La Fundación), Kubrick (2001 Odisea en el espacio),Bradbury (Farenheit 451), Ridley Scott (Blade Runner), Orwell(1984), George Lucas (Star Wars), o Wells (la guerra de los mundos) y para Nolan también Conan Doyle, la ciencia-ficción es en realidad, ensayo sociológico pero envuelto para regalo: un mundo cuajado de maravillosa tecnología (galaxias, naves, robots…), que resulta irresistible.

Nolan ha utilizado todas las teorías de la moderna física (el espacio, el tiempo, la gravedad, los agujeros negros, la teoría de la relatividad, los agujeros de gusano…) y las ha hecho vehículos de una historia que resulta, sin embargo, de una humanidad eterna.

En primer lugar les da cancha a los ecologistas con su manía de volver al taparrabos agrícola, porque la tecnología y el desarrollo sin control ha conseguido que la Tierra “se rebele” en forma de plagas y tormentas de arena.

También les da la razón sobre la progresiva disminución de variedades genéticas de trigo o maíz, sensibles por tanto a cualquier plaga, que sería destructiva (en la película el trigo se ha extinguido por las plagas y ahora el monocultivo es el maíz).

Pero lo anterior tiene consecuencias: el Gobierno parece ser totalitario (aunque no profundiza sobre eso) y determina los niños que deben dedicarse a la agricultura, además de modificar los libros de Historia (¡caramba! Orwell): nunca se llegó a la Luna, sino que fue un bulo para mantener la carrera espacial con los rusos, lo que propició el derroche de recursos.

La tecnología ha sido proscrita y debe ocultarse, como los alquimistas en la Edad Media.



domingo, 9 de noviembre de 2014

EL BALONCESTO Y LA VIDA, libro DE JUAN CORBALÁN


…por Vicente Ramos

El segundo libro de Juan Corbalán acaba de aparecer en librerías y merece mis comentarios desde estas páginas. Más que por el personaje - Juan es uno de los mejores deportistas españoles de todos los tiempos - por la calidad que tienen sus líneas transmitiendo sus vivencias y recuerdos deportivos, así como por los conceptos  de índole moral y espiritual que vierte en las 400 páginas de que consta el libro.


Junto a la descripción cronológica de su carrera deportiva discurre en paralelo en el relato la descripción de una realidad sociopolítica de nuestro país y la evolución acontecida a lo largo de los años. Años en los que asi mismo evoluciona el autor deportiva y personalmente al ritmo de una incipiente democracia.
Tomo algunas de sus propias palabras de la introducción para describir sus intenciones al escribir este libro:
“No quiero que sea un relato exclusivamente descriptivo, sino con calor emocional, que es el tesoro que esconde el deporte , aunque hayan sido muchos los años que han pasado desde entonces. Porque sólo en las emociones se encuentra la explicación de lo que pasa en años tan cruciales, en los que la razón aún se niega a mirarnos de frente y se va conformando en nosotros.”
Y desde luego que cumple con sus intenciones. Las emociones que transmiten sus páginas son intensas, mucho más para alguien que, como yo, compartió muchos años de su vida deportiva y posteriormente sigue compartiendo con él muchos momentos. Eleva a una forma de amar la amistad unida al respeto y cariño de sus compañeros y grandes adversarios. Tendríais que ver como es recibido en Israel “El doctor Corbalán”. Por qué?, me preguntareis. Muy sencillo, porque sus grandes adversarios, los Brody, Berkowitz, Aroesti, Jamchy, etc, ,le conceden el grado de doctor no sólo en lo profesional (es doctor en medicina, cardiólogo, especializado en la fisiología del esfuerzo y el deporte), sino igualmente en lo personal. Y asi mismo ocurre en todos los países de Europa.
Utilizaré de nuevo sus propias palabras, contenidas en un capítulo titulado APRENDIMOS A QUERERNOS para expresar lo anterior:
“ Dar y recibir amor, en cualquiera de sus formas, es lo que nos mueve, lo que nos mantiene vivos. Esos instantes de plenitud hay que saborearlos. Sin olvidar que nuestros mejores momentos son siempre a costa de otros, compañeros o adversarios. Quizás esto sea algo difícil de entender en el deporte, pero saber redistribuir el éxito es un atributo más del gran deportista.”
Y ya lo creo que redistribuye el éxito en el libro. Nos pone por las nubes a todos sus compañeros. Hasta el punto de casi darme vergüenza escribir de esto. Podría parecer que quisiera yo mismo darme autobombo. Tales son los calificativos que nos dedica a todos.
Lo anterior me lleva a comentar con que pericia describe un equipo. Ni los más grandes gurús del team-work podrían hablar tan bien y con tanto conocimiento de causa como él lo hace en su capítulo UN EQUIPO, UNA UNIVERSIDAD.
Y finalmente, y en conexión con nuestro orgullo de pertenencia al Ramiro, la similitud con nosotros al describir con similar orgullo su formación en las aulas y campos deportivos del Colegio San Viator.
Deportista o no, seguidor del baloncesto o no, a todos os atraerá hacia sus páginas este modelo de persona que es Juan Corbalán.
Por cierto, el libro está prologado por Manuel Vicent y del epílogo se encarga David Trueba.

Presentación del libro.
 V.Ramos, Cristóbal Rodríguez, Victor de la Serna, Juan Corbalán y Lolo Sáinz

lunes, 8 de septiembre de 2014

LA FUNDAMENTACIÓN DE LA MORAL

por José Enrique García Pascua.


La contemplación de los murales del Museo Religioso del “Ramiro de Maeztu” hizo que me percatase de que lo que es malo para una generación se convierte, fácilmente, en bueno para la siguiente; sin embargo, multitud de filósofos han buscado un único fundamento para la moral, puesto que ésta lo demanda, ya que se configura como una normativa válida para todos los hombres, luego ha de fundamentarse en un principio universal, que pueda y deba ser aceptado por todos los hombres. Si todos los hombres son animales racionales, el principio universal ha de tener carácter racional, porque lo racional es objetivo.
Platón (428/427-347) propuso como fundamento racional de la moral la misma Idea de Bien, un concepto definible, que sea comprendido por todo intelecto, pero ni él ni su escuela lograron nunca acuñar la necesaria definición, al contrario, fue su discípulo Aristóteles (384-322) quien determinó que no hay un Bien, sino muchos bienes, que son apetecidos por los hombres; a pesar de ello, Aristóteles afirmó que entre los bienes se da un bien mejor, que es llevar una vida conforme a la razón, lo que se convierte en la señal de que tu vida será una vida  correcta, pero semejante conclusión no permitió avanzar mucho, porque faltaba establecer el principio en función del cual una vida pueda ser calificada de racional.
En búsqueda de este principio, un aristotélico medieval, el dominico Santo Tomás de Aquino (1225-1274) acudió a la Inteligencia y Voluntad divinas como garantes de la moralidad de los actos humanos; ahora bien, ¿cómo sabemos los simples mortales qué es lo que quiere Dios de nosotros? Tomás de Aquino había separado nítidamente los dos campos, el que es propio de la fe y el que es propio de la mera razón, y dictaminó que un filósofo, trabajando como tal, no se puede apoyar en la fe y, por tanto, debe prescindir del recurso a las Sagradas Escrituras e indagar únicamente con su entendimiento. Su entendimiento le hace saber a Santo Tomás que la Inteligencia y la Voluntad divinas se manifiestan en la ley eterna que rige el mundo, el cual fue creado por Dios. Como participación de la criatura racional en la ley eterna, existe una ley natural inscrita por Dios en nuestra naturaleza que permite a la razón conocer qué actos de los hombres son los queridos por Dios, esto es, aquéllos que no contradigan la ley natural.
Inmediatamente se pone Tomás a estudiar la naturaleza humana, para descubrir los preceptos que conforman la susodicha ley natural.  Su estudio le lleva a escribir el artículo 2 de la cuestión 94 de la Summa Theologiae (I-II), en donde cabe leer que el primer principio de la razón práctica –la ordenada a la operación– es: «bonum est quod omnia appetunt» (“el bien es lo que todos los seres apetecen”). De este primer principio se sigue el primer precepto de la ley: «bonum est faciendum et prosequendum, et malum vitandum» (“el bien ha de hacerse y perseguirse; el mal ha de evitarse”). Continúa Tomás de Aquino afirmando que sobre este primer precepto se  fundan los demás preceptos de la ley natural y que «omnia illa ad quae homo habet naturaliter inclinationem, ratio naturaliter apprehendit ut bona» (“todo aquello a lo que el hombre tiene natural propensión, la razón naturalmente lo aprehende como bueno”). Después, considera el autor que en el hombre se dan inclinaciones propias de su naturaleza animal, y que pertenecen a la ley natural todas las cosas que la naturaleza ha enseñado a los animales, «ut est coniunctio maris et feminae, et educatio liberorum, et similia» (“como es el ayuntamiento de macho y hembra, la cría de los hijos y cosas parecidas”). Tomás de Aquino era miembro de la Orden de Predicadores y, como tal, obligado por  su voto a la castidad: no hay prueba histórica de que antepusiese la ley natural a la ley positiva –la regla de su Orden– y abandonase el convento para buscarse una coima con la que engendrar numerosa prole.
Llegamos así a la ética de Manuel Kant (1724-1804), quien también está de acuerdo en descubrir el fundamento de la moral por medio de la razón, de la razón práctica, por supuesto. Kant estableció que la ley moral toda se resume en el imperativo categórico: «obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre, al mismo tiempo, como principio de una legislación universal» (Crítica de la razón práctica, libro primero, capítulo primero, § 7 “Ley fundamental de la razón pura práctica”). Lo que pretende expresar Kant es que el fundamento de la moral no es un principio material, que dé contenido a las máximas o preceptos de aquélla (por ejemplo, constituye un principio material la ya mentada ley natural, de la que se desprende el precepto de la procreación), sino un principio formal, que dé forma a la ética de cada cual, y eres tú quien te impones a ti mismo las máximas con que guiar tu vida, bajo el mandato del imperativo categórico, que únicamente te ordena la forma de actuar: que quieras que los demás obren igual que tú; en otras palabras, te ordena obrar con buena intención, con buena voluntad, de acuerdo a lo que consideras tu deber.
La dificultad con que nos encontramos a la hora de poner en práctica el imperativo categórico es que cualquier actuación es lícita a condición de que actúes con buena intención, queriendo que los demás obren igual que tú. En estos días los milicianos del Estado Islámico están llevando a cabo en Irak una guerra estrictamente ética, puesto que no quieren otra cosa que los demás se comprometan, igual que ellos, en una guerra santa contra el infiel, al cual degüellan sin la menor consideración cuando se niega a aceptar su deber de convertirse al Islam, negación, sin embargo, basada en la convicción de que su auténtico deber es permanecer fiel a su propia religión: conflicto de deberes –según entiendas cuál es la religión verdadera–.

Siglos de perplejidad han arrastrado a la civilización occidental (una de cuyas referencias siempre ha sido la filosofía) al nihilismo, que es el estado en que se encuentra el que se ha quedado sin nada (nihil), sin fundamento alguno que le informe de cuáles son los caminos vitales acertados. Federico Nietzsche (1844-1900) se hizo cargo de tal estado de decadencia del hombre europeo y atribuyó la responsabilidad de ello, por un lado, a Sócrates y a Platón, empeñados en que prevaleciera la racionalidad y mesura del espíritu apolíneo sobre la irracionalidad de los profundos instintos que configuran el espíritu dionisíaco, y, por otro lado, a la tradición judeocristiana, valedora de la moral del rebaño, la moral de la compasión, cuyo objetivo no es otro que proveer de consuelo a los débiles, a los que Nietzsche tiene por una raza inferior, de siervos.
Frente a la moral de los siervos, Nietzsche predica la moral de los señores, de los que él considera hombres superiores, como manera de sobreponerse a la postración de Occidente y, en la medida en que Occidente impone sus categorías, del mundo entero.
No se entretiene demasiado el filósofo en exponer en qué consiste la moralidad superior, aunque algunas pistas nos da. El señor es duro, es egoísta, es cruel, en vez de compasivo: compasivos son los integrantes del rebaño –que gimen reclamando el amor al prójimo, para que la comunidad alivie sus temores e inseguridades–. El señor es autosuficiente, se crea sus propios valores, y esto nos permite entender que la ética nietzscheana es, a semejanza de la de Kant, una ética autónoma, pero acaso sea preciso mostrar cuál es el principio formal en que se apoya la propuesta de esta moral superior.
La metafísica de Nietzsche se reduce a explicar el mundo como un conjunto de fuerzas que luchan entre sí por someter al resto; el ser humano se encuentra en medio de esta lucha e interviene en ella, sólo que quiere conscientemente lo que a otros entes mueve ciegamente. La única realidad que subyace es la voluntad de poder, el impulso de dominio, esencial para cada fuerza. El principio en que se apoya la moral de los señores no emana de la razón práctica, sino del trasfondo dionisíaco en que residen los recónditos sentimientos del alma humana, y allí se encuentra esta voluntad de poder, a la que la moral superior no enmascara, como hace la moral del rebaño, sino que la asume plenamente.
¿Está justificada una moral de la voluntad de poder? La humanidad se dio cuenta pronto de que el hombre es un lobo para el hombre y de que, si le dejamos guiarse libremente por su personal voluntad, la convivencia resulta imposible. Esta certeza está a la base de la ley positiva, de la regulación de la vida en sociedad, y, si se quiere, es también el origen de la denostada moral del rebaño. Algunos optimistas, empero, prefieren imaginarse que el individuo humano es naturalmente bueno y que es la sociedad la que le corrompe, pero precisamente la sociedad, en cuanto que nos sentimos constreñidos a la vida en común, procura el equilibrio entre ambiciones contrapuestas, como la selección natural logra que la lucha por la existencia equilibre las fuerzas vitales en un ecosistema estable, eso sí, a costa de los peor adaptados. El equilibrio social, análogamente, no evita la desigualdad y, de hecho, hay unos que dominan y otros que son dominados, lo que desemboca en la coexistencia de dos morales, una de la concordia y otra del imperio. Nietzsche reconoció (cf. Más allá del bien y del mal, aforismo 260) el hecho de que esta duplicidad de morales es una constante en la historia, pues siempre actúa la voluntad de poder, aun en los tiempos de esplendor de la moral cristiana, y podemos añadir que también en sociedades teóricamente igualitarias, como la de nuestra civilización occidental.

Hoy la situación anímica de nuestra civilización occidental es consecuencia  del desconcierto ocasionado por el nihilismo, y la actual duplicidad moral viene dada por la prédica interesada por parte de los que controlan la sociedad de una moral del rebaño de raigambre cristiana, la ética de los Derechos Humanos, que sirve primariamente para engañar a los desgraciados y secundariamente para anonadar a tu rival político (por ejemplo, acusándole de racista por haber llamado “negro” a un negro), y, por encima de ella, una fáctica moral de señores, encarnación de la voluntad de poder, que es el criterio con que se resuelven en última instancia los conflictos, sea en el terreno de la economía, sea en el terreno de las relaciones internacionales. En cuanto a los que se atreven todavía a ocuparse del fundamento de la moral, éstos caen en el relativismo moral de admitir que todas las éticas son equivalentes, puesto que no hay principio universal, o, si piensan un poco más, se refugian en una ética del consenso, que los moralmente válidos son los juicios en que coincide una mayoría cualificada de la asamblea. Tampoco esto es solución, puesto que nos podemos encontrar en similares circunstancias a la de una hipotética (o no tan hipotética) colectividad de aficionados a las bebidas alcohólicas en cuyo seno un abstemio fuese fuertemente censurado por negarse a participar en una borrachera. No es de extrañar que el Papa emérito, Benedicto XVI, se declare enemigo del relativismo moral.

 A pesar de la evidencia de que la sociedad posmoderna es nihilista y de que con ella se acabó el espejismo ilustrado del progreso moral, nos encontramos por doquier gente que aún cree que la humanidad recorre una vía de perfección, unos opinan que el libre mercado proveerá eternamente de riqueza y que la sobreabundancia se repartirá de manera espontánea entre los hombres, habrá para todos, incluso aunque siga el crecimiento exponencial de la población, mientras que otros, no tan satisfechos con el presente estado de cosas, afirman que otro mundo es posible, a través de algún tipo de revolución transformadora, pero lo cierto es que la preponderante voluntad de poder es autodestructiva en potencia, ya que implica la lucha de todos contra todos.
La humanidad es una rara especie dentro de la biosfera, porque su inteligencia le permite subvenir a sus necesidades explotando el medio más allá del límite que la lucha por la existencia marca al resto de las especies y, al final de su ciclo vital, ha alcanzado en nuestra época un inmenso poder, una capacidad de destruir y de autodestruirse que no encuentra barreras naturales. La tecnología (¡ah, la tecnología!) provee a los ejércitos de armamento ante el que no cabe defensa alguna y el desarrollo económico está lanzado a una huída hacia delante que agota uno tras otro los recursos de la naturaleza y las fuentes de energía y amenaza con aniquilar el entorno natural en que vivimos. Destruimos el planeta que nos acoge y nos autodestruimos entregándonos a guerras inmisericordes, y más aun lo serán cuando la escasez se extienda. Aquellos ilusos, sin embargo, se consuelan con la idea de que la tecnología (¡ah, la tecnología!) encontrará soluciones y continuaremos habitando por siempre en ese “mundo feliz”, un mundo sin base moral, pero en el que los agraciados ciudadanos de los países poderosos disfrutan noche y día de placeres sin cuento… mientras puedan. 
Si el equilibrio de la naturaleza no puede poner freno a la voluntad de poder de los humanos, ¿será la sociedad la que se imponga a sí misma límites a su afán suicida? Pero, para esto, sería necesaria una moral que no fuera de señores, una nueva moral y una nueva política a las que –me temo– se opondrán los señores con todas sus fuerzas, que son muchas, y para las que seguimos sin encontrar fundamento objetivo, sin principio universal aceptable por todos, porque nosotros, los nihilistas, todavía no sabemos qué es el Bien: se contradicen entre sí las cosas que unos y otros apetecen. ¿Qué hay que hacer, iniciar las prospecciones frente a las costas de las islas Canarias, con el fin de mitigar la disminución de las reservas mundiales de petróleo, como quiere el ministro de Industria, o no iniciarlas, con el fin de preservar las aguas oceánicas y el litoral del archipiélago, como quiere el gobierno de esa comunidad autónoma?, ¿qué principio objetivo nos permitirá elegir el bien mejor?, o ¿se resolverá el dilema con un puro enfrentamiento de voluntades?


Torrecaballeros, 25 de agosto de 2014.

lunes, 1 de septiembre de 2014

LA VENGANZA CATALANA


...DE ILDEFONSO ARENAS


Nuestro compañero Alfonso Arenas, ha publicado su quinto libro titulado LA VENGANZA CATALANA.


El tema no puede estar más de actualidad (el origen del estado catalán) y el libro trata de la gran epopeya mediterránea de los almogávares, guerreros catalanes y aragoneses de la Baja Edad Media. La acción comienza en Trinacria (hoy Sicilia) en 1298, y concluye en Atenas en abril de 1311, cuando tras aniquilar un ejército grecofrancés que les triplicaba en número fundan la República Militar Catalana (al año prefirieron llamarla Ducado de Atenas; las repúblicas no estaban demasiado bien vistas por entonces), tercer estado catalán independiente de los situados en el Mediterráneo (los otros eran el reino de Trinacria y el de Mallorca). Le dieron una legislación redactada enteramente en catalán (basada en los Usatges de la Ciutat de Barcelona), y se las apañaron para extender su vida setenta años más, hasta que vinieron los turcos y se lo llevaron todo por delante. No es una historia inventada. Como en todo lo anterior que ha escrito, los diálogos y los pensamientos de los personajes, que son todos ellos históricos, son 'la novela', pero los hechos, empezando por su constitución en estado catalán independiente, son rigurosamente ciertos y plenamente históricos.

Le deseamos que tenga otro gran éxito con este libro, y nos tememos que la editorial confía cada día más en él, pues la primera tirada será de 10.000 ejemplares.

Alfonso siempre nos comunica con anticipación sus publicaciones, previamente a la publicación de las reseñas de prensa, como primicia para todos los viejos amigos. Estará en todas las grandes librerías muy pronto.