En esta sección publicamos todo aquello que os pueda interesar, pero que no está directamente relacionado con el Ramiro de Maeztu. También lo utilizamos para publicar con toda su extensión entradas que ocuparían mucho espacio en el blog principal.
jueves, 24 de noviembre de 2016
NUEVA PRESENTACIÓN DE LOS LIBROS DE IGNACIO MARTÍN SEQUEROS
Nuestro compañero de la promoción de 1.959 y miembro de LOS PEQUENIKES, Ignacio Martín Siqueros, nos invita a la presentación de sus libros, cuya información detallada la contienen las siguientes imágenes:
sábado, 3 de septiembre de 2016
NUEVO LIBRO DE IGNACIO MARTIN SEQUEROS
El miembro de LOS PEKENIKES, Ignacio Martín Sequeros, nos ha remitido esta información por si es de vuestro interés. Se trata de la presentación de su nuevo libro en la Sala Clamores el próximo 11-S.
Como él mismo anuncia, contiene "torres que no se caen" pero en 2045. Ojalá las lleguemos a contemplar todos en directo... No es un libro triste o dramático, sino optimista y "con futuro"... La entrada será libre y hasta llenar el aforo.
Como él mismo anuncia, contiene "torres que no se caen" pero en 2045. Ojalá las lleguemos a contemplar todos en directo... No es un libro triste o dramático, sino optimista y "con futuro"... La entrada será libre y hasta llenar el aforo.
Allí interpretaré algunos temas en directo con mis armónicas. Ignacio.
domingo, 28 de agosto de 2016
FIN DE VERANO. REGRESO AL CAMPAMENTO DEL ROBLEDO EN 2.016
...por Manolo Rincón
Aprovechando el final del verano
iba hacia La Granja con una amiga y de repente apareció en la carretera un
cartel anunciando el Área Recreativa del Robledo.
No pude reprimir el deseo de
enseñar a mi amiga aquel lugar donde pasé dos inolvidables veranos por los años
67 y 68 del pasado siglo. Han pasado ya casi 50 años y quedan recuerdos y
vivencias que parecen enteramente de otra época. Voy a tratar de trasmitirlos a
los nostálgicos que seguro recuerdan aquel mundillo tan peculiar. Así se lo
conté a mi amiga.
El primer recuerdo para mí, era
la entrada, donde se hacían las guardias. Ya vi que
no existía el antiguo pórtico que
daba acceso a la avenida principal. Entrando recordé el “Llano Amarillo”, donde
el Cristo de Robledo presidía todos los actos y donde íbamos a misa de campaña,
que no recuerdo si era obligatoria.
Es difícil reconocer ya los
antiguos comedores reconvertidos y no sé qué uso que se da a este espacio que ahora
parece en total decadencia. No sé tampoco quien será el propietario actual, si
es que lo tiene. No pertenece a Defensa.
Recorrí aquellos lugares en los
que se montaban las tiendas. Recordé la jura de bandera un 18 de julio, como
cantábamos Margarita, los malditos, el ser padre…
Aquellas teóricas estúpidas,
donde te enseñaban que si había una explosión nuclear te tirases al suelo
mirando para otro lado. Un sabor agridulce vino a mi ánimo contando a mi
compañera todos los sudores que allí pasamos, mucho calor y mucho frio,
tormentas y marchas durísimas como la de la Bola del Mundo.
Y todos los recuerdos: Ya
veníamos en el autobús con espíritu resignado de malditos, cantando aquello de
que “las íbamos a pasar muy putas”. Las novatadas con un padre disfrazado de
capitán levantándonos a las 3 de la mañana. El capitán Macheti que nos enseñaba
a sumar resistencias en paralelo y nos mostraba los equipos de radio de
campaña. No recuerdo ya el nombre del teniente, ni del sargento que era de IPS
y nos hacía marcar el paso ensayando la jura de bandera. Yo estaba en
Ingenieros-Transmisiones. Por suerte en mi tienda (que era de 14), estábamos
los compañeros de clase de la Escuela.
De todo aquello queda ya poco.
Algunos nostálgicos como yo paseando por la zona, todos mayores de 60.
No tenía yo gran espíritu militar
y salí sargento después del segundo campamento, dejando de ser caballero
aspirante para pasar a ser suboficial eventual.
Aspecto actual del Llano Amarillo
Cartel que sirve de recordatorio de
“El Robledo”
Restos de la “Línea Pérez” o Pista
Americana, donde tan mal lo pasábamos
Lo que fue pista de atletismo
Por último recordé a mi amiga lo
que era “Villa Braga” (que no pude localizar, no sé si ya la han drerribado) y
los autobuses para irnos el sábado a Madrid, con permiso de la autoridad
competente.
Alguna vez fui a Segovia, a aquel
baile al aire libre que montaba un bar para nosotros los sábados y donde las
segovianas venían a ligar.
Nos fuimos y he de reconocer que
en el fondo añoro ahora aquel campamento en pleno funcionamiento. Algo ya que
ha quedado para la historia. Creo que hubo IPS hasta 1974 que se cambió por la
IMEC y que hay una asociación de antiguos caballeros.
Hubo una película “Quince Bajo la
Lona”, que reflejaba aquel Campamento. La recomiendo pues recrea muy bien el
escenario, aunque cae a veces en la sensiblería.
viernes, 5 de agosto de 2016
EL JUEGO DE DE ADIVINAR UN CASTILLO
...POR JOSE LUIS CERDÁN
Siguiendo el juego iniciado por Kurt aquí teneis otro castillo para adivinar
Pistas:
1ª Se accede a pie mediante una fuerte subida.
2ª De origen musulmán, era parte de un sistema defensivo.
3ª Tuvo importancia en la represión de los moriscos de
principios del S. XVII.
miércoles, 3 de agosto de 2016
UN CASTILLO PERDIDO
...por Kurt Schleicher
Estando en plena canícula veraniega, se me ha ocurrido plantear un entretenimiento para los que les gusten los jueguecitos de adivinanzas.
Por mera casualidad me enteré de la existencia de un castillo del que nunca había oído hablar, buceando en un lugar de ésos que se dedican a información turística. Tomé buena nota, pues parecía ser atractivo.
Como solamente estaba de paso, no tuve más ocasión que sacar un par de fotos y he tenido que dejar la visita del interior para otro día; hace poco tiempo que es visitable.
Lo sorprendente es el buen estado en el que está; no parece que haya sido reconstruido nunca. Tampoco es de extrañar, pues se le conoce como la “fortaleza inexpugnable”. Hasta hace poco tiempo ha estado en el ostracismo, y ahora se está restaurando por dentro para hacerlo más atractivo al visitante. Llama la atención también por las vistas que tiene sobre una inmensa llanura, desde la que domina la región; sin embargo, como se confunde con las montañas, no es fácil distinguirlo desde lejos. Es también un buen ejemplo de aprovechamiento de la orografía, por lo que se le podría tildar de “castillo inteligente”.
Está localizado sobre un antiguo asentamiento de la Edad del Bronce y celtibérica, a juzgar por los restos encontrados allí. Fue inicialmente un castillo musulmán y después pasó a ser cristiano. En el siglo XIV fue reformado y desde entonces tiene el aspecto actual. Fue usado como cárcel durante bastantes años y más recientemente utilizado durante las guerras carlistas en el siglo XIX.
Y éstas son las pistas que puedo dar, junto con alguna de las fotos que le hice.
¿De qué castillo se trata?
lunes, 11 de julio de 2016
CRÓNICA DE LA MUERTE DE UN TORERO
... por Kurt Schleicher
Teruel. Fiestas del Ángel. Sábado 9 de julio de 2016. Las siete de la
tarde. El sol está todavía pegando
fuerte, pero con breves ráfagas de viento que refrescan el ambiente. Todo
parece perfecto. Es la corrida grande; ¡estamos en fiestas! El día anterior se había celebrado otra poco
habitual, pues se les dio una oportunidad a seis toreros, no a tres, para
enfrentarse cada uno a un toro. Dieron todo lo que daban de sí, que era mucho. Los
seis dieron grandes muestras de profesionalidad y saber hacer, dejando el
listón muy alto.
Con esos antecedentes, el sábado había gran expectación en la plaza.
Tres diestros consagrados: Curro Díaz y Morenito de Aranda, madrileños, y
Víctor Barrio, segoviano. Salen los alguacilillos, alguacilillo y alguacililla;
ésta acapara las miradas, al ser guapa y sonriente. Detrás se colocan los tres
toreros, dos de ellos de rojo, Morenito y Víctor, muy altos y espigados; uno es
muy moreno haciendo honor a su apodo y el otro, el de Segovia, es más pálido; el tercero, Curro, de blanco, es algo más
enjuto. Los tres se abrazan y se desean suerte; bonito detalle. Paseíllo con
música hasta la presidencia. En el tendido de sol, arriba del todo, una banda
de una de las peñas anima el cotarro con su música de fiestas. El público viste
mayoritariamente de blanco, igual que en los sanfermines, con sus pañuelos
rojos y rojinegros.
El festejo promete; se llama el “Desafío
de Santa Coloma”, al parecer por las dos ganaderías. Los dos primeros
toreros en orden de intervención, Curro y Morenito, despachan a sus cornudos
oponentes tras una faena aliñada y clásica; al matar tras un primer pinchazo,
no se les concede la ansiada oreja.
Antes de salir el tercer toro, un pálido y espigado torero vestido de
rojo se dirige lentamente, pero con paso decidido y largas zancadas, a la
puerta de toriles. ¿Qué querrá hacer? Se arrodilla con el capote ahí mismo, a
unos diez metros de la puerta, dando a entender por señas que ya se puede
abrir. Hay que tenerlos bien puestos para hacer eso; su acción recuerda al
portero que se coloca bajo los palos para que le tiren un penalty, sólo que en este caso lo que está en juego es la vida y no
un miserable gol. El tercer toro, Lorenzo,
de la ganadería de “Los Maños”, se hace de rogar; no quiere salir, haciendo que
estar de rodillas y en esa tesitura no parezca ser muy agradable. A más tiempo,
más angustia. Sale por fin el morlaco, menos negro que los dos anteriores; duda
una décima de segundo ante aquél torero de rodillas delante de él, pero
enseguida le embiste cuando ve cómo se agita levemente el paño rosado; en el
último momento, el torero se aparta un poco a un lado haciendo una ventolera
con el capote, pasándole por encima aquél animal de 529 kg. Uuuf.
Víctor se quiere lucir y encadena
varios pases con el engaño a dos manos. La fiesta se anima. Al toro le cuesta
entrar al picador y muestra cierta preferencia por el torero, que por fin logra
llevarle ante el caballo. Empuja entonces con fuerza metiendo bien los riñones.
Víctor, tras probarle una vez, decide que le den un puntazo más, pero sin
exagerar; no quiere que se le escape el éxito. Salen los banderilleros; bien
todos. Víctor coge la muleta y va encadenando una buena faena, sin aspavientos,
muy correcta. Suena la música. Son las ocho de la tarde. Las sorpresivas
ráfagas de aire molestan al diestro, que se mueve entre la sombra y el sol,
algo que quizás dificulte su visión. Encadena varios pases muy ceñidos; el toro
embiste bien y sigue al capote. Demasiado, pues una inoportuna ráfaga lo hace
flamear más cerca de las largas piernas del torero; en plena vuelta, el toro
gira algo más la cabeza y engancha al sorprendido diestro por una pierna,
levantándolo sin dificultad y tirándole al suelo. Allí se ceba con él y embiste
con la cabeza ladeada, de forma que, aunque el torero trata de protegerse con
el brazo derecho, logra clavarle el pitón izquierdo atravesándole el pecho casi
de lado a lado. Lo vuelve a levantar y lo vuelve a tirar al suelo, encelándose
con él y dejando al torero inconsciente, tirado como un guiñapo cabeza abajo y
con la mirada perdida. Se oyen gritos entre el público. La cuadrilla le quita
el toro de encima, pero es demasiado tarde; el torero ni se mueve. Le cogen
entre varios, pero lleva la cabeza caída contra el pecho y se le ve mucha
sangre en el lado derecho; no reacciona. Corren con él a toda velocidad hacia
la enfermería; el torero está muy, muy pálido y lleva la pechera manchada de
sangre. Los que lo vemos de cerca según entra en volandas, nos llevamos una
mala impresión; no tiene buena pinta y está desmayado. Hay dos policías que
tienen orden de no dejar pasar a nadie y menos a la prensa, que estaba cerca y
lo intentan. Se apartan cuando aparece una joven que dice que es enfermera y
que puede ayudar. Parece ser que el padre de torero también accede a la
enfermería, pero no le reconocemos. Pasan los minutos y desde el callejón a la
puerta de aquélla no se oye nada; de vez en cuando el encargado de la plaza pasa
por allí con la mano tapándose la boca, como no creyéndose lo que estaba pasando.
Todos sentimos una gran congoja y ya no nos fijamos en lo que sucede en la
plaza. Allí la fiesta sigue, pues pocos se han dado cuenta de la dimensión del
desastre y probablemente esperan a que vuelva a salir el torero por sus propios
pies como suele pasar, aunque flota un extraño malestar de mal augurio en el
ambiente. Curro Díaz da cuenta de Lorenzo,
pero su faena pasa casi desapercibida.
Sale el cuarto toro. Es para Curro de nuevo. Le hace una excelente
faena, mata bien a la primera estocada y se le concede una oreja. Saber
sobreponerse al recuerdo de la cogida de su compañero en el toro anterior tiene
su mérito. Entretanto, los minutos van pasando. Muchas personas y sobre todo
los diversos toreros y sus cuadrillas intentan pasar o al menos saber algo
sobre el estado del herido, pero los dos policías en la puerta de la enfermería
no se lo permiten y tampoco les dicen nada, probablemente porque tampoco están
informados. El encargado de la plaza, con la mano todavía en la boca con gesto
grave, recorre el callejón ante la enfermería, entrando y saliendo de la misma;
les dice algo a algunos de los que preguntan y los murmullos se van corriendo.
“Está muy grave”, dicen. Aparece una cara famosa, la del apoderado de Morenito,
Ortega Cano, al que tampoco dejan pasar. Coincidiendo con la muerte del cuarto
toro, se oye una voz estentórea, ronca y desgarradora entre sollozos que sale
desde el fondo de la enfermería: “¡¡No puede ser!! ¡¡Esto no puede haber pasado!!”
y que nos hiela la sangre a los que la escuchamos. Los que estamos cerca ya nos
figuramos lo que había sucedido; Víctor Barrio ha muerto. Por lo visto, el
cuerno le había atravesado el pulmón y le ha había roto la aorta, entrando ya en
la enfermería con parada cardiaca; allí intentaron todas las maniobras posibles
de recuperación, pero el destrozo era demasiado grande. En el parte médico
posterior figura que murió a las ocho y veinticinco. La noticia ya sí que se
transmite como la pólvora; incluso le llega a Curro Díaz, que acaba de matar al
cuarto toro, y sale corriendo hacia la enfermería. En la puerta del callejón
estaba ya Morenito apoyando la cabeza sobre el burladero sin poder contener las
lágrimas, al igual que el resto de las cuadrillas y el público cercano. Uno de
los médicos, enfundado en su bata azul, el pantalón blanco manchado de sangre y
con el pelo todavía completamente empapado de sudor, sale al callejón pidiendo
un cigarrillo para relajar la tensión; alguien quiere regalarle un paquete, pero
no acepta, con la mirada todavía perdida.
El presidente del festejo pasa brevemente por la enfermería y tras
reaparecer certifica la muerte del diestro, informando de paso a la prensa. A
petición de los dos toreros, se suspende la corrida, decisión aplaudida por el
público, que ya empieza a darse cuenta de lo que había pasado. Asimismo,
también se suspenden los festejos de vaquillas y el “toro de fuego” previstos para aquella noche en la plaza de toros.
Más de treinta años han pasado desde el último torero muerto en una
plaza española, el recordado El Yiyo;
quizás también por eso, muchos de los presentes no se lo pueden creer todavía.
Finalmente, los dos policías reciben la orden de dejar pasar a las
cuadrillas a la enfermería, donde podrían dar el último adiós a su infortunado
compañero.
Está visto que no siempre ganan
los toreros. La muerte siempre acecha cuando se la roza, sea en los toros, en
las carreras de motos o en las de los coches de competición, cosa que hace
reflexionar sobre las reacciones humanas y su capacidad de adicción por el
riesgo, especialmente cuando es el medio para ganarse la vida o, mejor dicho,
no para ganarla, sino para perderla.
Descanse en paz Victor Barrio,
torero hambriento de triunfos, con su joven vida truncada tan pronto y de una manera
tan brutal. ¿Qué de quién es la culpa? Pues no lo sé, quizás de todos y de
nadie. Del toro, desde luego que no.
KS, Julio de 2016 (testigo casual aquél infausto día al estar
sentado al lado del callejón de la enfermería en la plaza de Toros de Teruel).
lunes, 4 de julio de 2016
EL “OTRO” TOUR DEL BERNABÉU
…por Laura Ramos y Rafael Gª-Fojeda
… o la Odisea de una Persona de Movilidad
Reducida para acceder al Concierto “Plácido en el Alma”
Desde el mes de marzo, que recibimos por
parte del Real Madrid el anuncio de que iba a haber un concierto homenaje al
gran tenor y madridista Plácido Domingo el 29 de junio, decidimos que no nos lo
queríamos perder y nos pusimos en contacto, en primer lugar, con la oficina de
Atención al Socio del Real Madrid y en segundo lugar, con la Fundación del Real
Madrid, que era quien gestionaba las entradas.
El motivo de ponernos en contacto
directamente es que mi marido, Rafael, socio del Real Madrid desde hace más de
50 años y persona de movilidad reducida, ha experimentado un enorme descenso en
su movilidad y queríamos asegurarnos de que podíamos conseguir unas entradas lo
más accesibles posible.
La persona que nos atendió nos aseguró que
no estaba previsto el que hubiera entradas especiales para personas de
movilidad reducida, pero que lo hablaría y lo estudiarían para conseguirnos las
entradas más adecuadas.
En aquel momento, mi marido se movía con
muleta, aunque contemplamos la posibilidad de ir en silla de ruedas y así se lo
hicimos saber a esta persona. Desgraciadamente, el día 12 de mayo, tuvieron que
operarle de una rotura en la cabeza del fémur, con lo que ahora sí que tiene
que desplazarse en silla de ruedas.
Tras varios correos –un total de 10 o 12-
de ida y vuelta entre la Fundación y nosotros, nos comunicaron que,
efectivamente, nos habían reservado unas entradas idóneas, al lado del pasillo
para que pudiéramos acceder fácilmente.
Las entradas son: Puerta 6 – sector 102 –
fila 20, asientos 1, 3 y 5.
Cuando llegamos a la Puerta 6, lo primero
que nos encontramos son dos escalones irregulares y que hay que acceder por un
torno. La persona que está validando los códigos de barras nos dice que por
allí no podemos pasar de ninguna manera. Tras un encendido diálogo, aparece un
guardia de seguridad, indicándonos que el único medio de acceder en silla de
ruedas es que nos dirijamos a la puerta 51… que está “aquí al lado” (sic).
Tras recorrer más de medio estadio por
fuera, sorteando miles de espectadores que se dirigen a las 31 puertas de
acceso que hay entre la 6 y la 51, empujando la silla de ruedas y rebanando más
de una espinilla, nos recibe una señora “de armas tomar”, diciéndonos que
nuestras entradas son para acceder por la puerta 6 y que, de ninguna manera,
podemos entrar por allí. Además, en el caso de que hubiera algún sitio
disponible en aquella zona, solo podría entrar el minusválido con un
acompañante; de ninguna forma podría acompañarnos una tercera persona, como era
nuestro caso… y el de varias familias que se habían acumulado detrás de
nosotros.
Nos negamos en rotundo a movernos de allí
mientras no aparezca alguien que nos permita el acceso por donde sea, pues
hemos pagado una cantidad respetable por las 3 entradas. En ese momento,
aparece un guardia de seguridad asegurando que ya se ha cubierto el aforo en
aquella zona y que les podrían denunciar si nos dejaran pasar.
En vista de ello, y ya casi sobre la hora
de inicio del espectáculo, volvemos sobre nuestros pasos, empujando la silla y
atravesando las riadas de espectadores, y nos “plantamos” nuevamente ante la
tan mencionada puerta 6. Y digo “plantamos” literalmente: Habíamos pagado por
ver el concierto y nada ni nadie nos lo iba a impedir.
Ante nuestra actitud, uno de los empleados
de Prosegur –nuestro ángel de la guarda- nos tomó bajo su protección y llamó a
sus jefes, quienes, walkitalki en mano, nos llevaron ¡otra vez! hacia la puerta
51, pero, a mitad de camino, se ve que hablaron con algún superior y nos
guiaron a través de las cocinas de la zona VIP para acceder “por la
trastienda”. Una vez dentro, y con la silla de ruedas a buen recaudo, nuestro
ángel de la guarda llevó en volandas a mi marido por tres tramos de escaleras,
bien empinadas y de no menos de 15 peldaños cada uno, más un tramo de pasillo a
nuestras localidades. ¡¡¡Por fin!!!
Me parece no solo una falta de sensibilidad
absoluta sino una burla cruel vender unas entradas “de fácil acceso a un
minusválido” a las que solo se puede acceder a través de: dos escalones + torno
+ dos escalones + tres tramos de empinadas escaleras, dos de bajada y uno de
subida + más pasillo y pequeño escalón-trampa junto al asiento.
Al final del espectáculo, solo tuve que
buscar a nuestro particular “guardaespaldas” para que nuevamente ayudara a mi
marido a salir a la calle. Si no es por él, aun seguiríamos frente a los tornos
del Estadio Bernabéu… Desde aquí, nuestro reconocimiento y agradecimiento hacía
él.
Tras tamaña “perfecta” organización, el
concierto -más de cuatro horas de música variada sin intermedio- una pasada,
hasta tal extremo que casi nos hizo olvidar a Laura, a mi hermana y a mí la
tensión acumulada antes y durante el acceso al estadio;
incluyo el enlace por si apetece escucharlo y verlo.
Después de la fatal experiencia de organización
vivida, estoy pensando en hacerme “colchonero”.
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